un tal Hyde

Esto es la historia de una dualidad que a todos nos resulta familiar: la del sujeto o sujeta que todos llevamos dentro, aquel que no rehuye las tentaciones abyectas, que se muestra condescendiente con la penuria de los demás, el que alberga sentimientos innobles; el tipo en el que nos ruborizaría reconocernos… Resultará inevitable encontrarnos con ese otro “yo” por los pasillos de nuestra conciencia, pero normalmente fingiremos no ver al molesto inquilino que, sin embargo, nos libera del enorme peso de la culpa con su conducta desinhibida y su lasitud moral. Robert Louis Stevenson, buen conocedor de las penurias del cuerpo y del alma,  supo plasmar semejante dimorfismo en su relato breve “El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde” sobre el que, a la sazón, Freud acababa de aterrizar. El tema, recurrente en la literatura, ha inspirado a muchos autores y sigue siendo uno de los tópicos favoritos que ilustran el enfrentamiento entre el bien y el mal. William Golding lo trasladó al mundo de la infancia en una historia estremecedora y escalofriante: “El Señor de las Moscas”. El relato original de Stevenson es muy breve. Lo tenéis en la bilioteca. Y, por si fuera poco, os lo adjuntamos en esta misma página; se lee en un pispás, y pese a que tiene un argumento archimegaconocido, muy pocos saben que el verdadero protagonista no es ni Jekill ni Hyde.


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