contando bajo la lluvia (y 2)

Nueva entrega de la entrevista con José Ramón Sánchez. En la cabecera incluimos un avance de “Cantabria: La Epopeya”, una película basada en los textos de Jesús Herrán y los dibujos del propio José Ramón, y que ha sido realizada con la colaboración de su hijo, Ignacio Sánchez Arévalo.

  • Ahora recordamos, sobre todo, sus series sobre cine… Había algo en aquellas estampas que se nos quedó impreso para siempre… Usted, que es el autor ¿sabría decirnos qué era ese “algo”?

Ese “algo” es el efecto de las “estampas”, como vosotros las llamáis… Estampas emocionadas, entrañables… Yo todo lo trato con amor. Si no, no lo haría. Y todo lo que sale de mi mano, incluso lo mediocre o convencional, siempre ha tratado de resultar apasionado, sincero y cercano. Ese es ese “algo” que me hace ser yo mismo. Y si soy algo es que resultó casi siempre sincero, cercano y apasionado…

  • Podríamos decir que su estilo es “clásico”… Muchos de los ilustradores de ahora combinan las técnicas de siempre con el ordenador ¿Qué le parece eso? ¿Piensa que en el mundo de la ilustración, las llamadas “nuevas tecnologías” pueden franquear el paso de artistas sin demasiado talento para la pintura o el dibujo?

Vivimos épocas de confusión: ilustrando libros con ayuda de la técnica; creando imágenes que ya existen en archivos a los que todo el mundo puede acceder. Cada cual tiene su camino. Para llegar a que te consideren “clásico” hay que gastar dos tercios de tu vida. Me parece muy bien que cada uno se nutra o se apoye en lo que tiene a mano. Soy profundamente conocedor de que mis útiles de trabajo siguen siendo los de hace 60 años: un lápiz, un folio, un pincel, un lienzo o una tabla, un libro, una foto, una película, un impuso, una iluminación, un concierto… Soy ya setentón como para engancharme a Internet, los programas de imágenes, las nuevas técnicas, las tres dimensiones… No tengo necesidad de ellas. Solo necesito una idea, un enamoramiento y un tiempo para el cortejo. Todo lo demás será bueno para los demás, será imprescindible. Lo único que yo necesito para mi trabajo son horas… y salud.

  • En nuestra biblio conservamos un ejemplar de La Isla del Tesoro ilustrado por Junceda, facsímiles de Alicia en el País de las Maravillas con las ilustraciones de Sir John Tenniel o, sin ir más lejos, “su” Quijote ¿Qué aporta una gran ilustración a un gran libro clásico?

Si “lustras” un libro clásico puedes aportar poca cosa. Pero si “te comes” el libro, lo digieres en tu estómago y lo expulsas en su momento, la porquería se irá con el agua de la cisterna y pondrás ponerte al tajo… Y cambiarás los papeles, porque ya no serás un ilustrador. Serás un poeta.

  • Para los más curiosos, nos podría describir brevemente cómo planifica y desarrolla su trabajo a la hora, por ejemplo, de realizar la ilustración de un libro…

Lo primero: leer el libro en cuestión dos o tres veces. Una para emocionarse con la historia, para comprenderla y hacerla tuya. Otra para bocetar cosas ligeras como un personaje, un interior, una acción… Y la última inmediatamente antes de ilustrarla de verdad. El Quijote necesita de cuatro lecturas. El Beato de Liébana solo una porque no te vas a enterar por muchas veces que lo leas… Con la Divina Comedia pasa algo parecido. Stevenson necesita solo un par de lecturas. Con Shakespeare podrían pasarte la vida leyendo y releyendo. Nunca estarás a la altura de su grandeza. Después de 50 años de “ilustrador” lo mejor que me queda es haber leído mucho y bien.

  • Aunque la elección de unos suponga la no inclusión de otros, ¿nos podría decir que obras y autores marcaron las lecturas de su juventud y cuáles de ellos seguiría recomendando hoy a las muchachitas y muchachitos de la secundaria?

No creo en “autores infantiles” o “autores juveniles” y cosas por el estilo. Los grandes escritores lo son para niños, para adolescentes, para los adultos y para los viejo: Twain, Stevenson, London, Dickens, Dumas, Wilde… yo sigo con ellos a los 73 años. Por supuesto que Thomas Mann, Tolstoi, Dostoievsky y Shakespeare necesitan ser leídos más tarde. Pero no nos engañemos: no hay escritores para niños y autores para adultos. Solo existen los buenos y los malos escritores.

  • Ahora que estamos de compras (casi siempre en rústica y apurando el presupuesto…) recomiéndenos tres volúmenes que no deberían faltar en nuestros anaqueles y tres películas en nuestra videoteca.

Tres libros: “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde. O su colección de cuentos. Todos son obras maestras. “David Copperfield” de Charles Dickens y “La flecha negra” de Robert Louis Stevenson. Tres películas: un western: “La diligencia”. Una comedia: “La quimera del oro”. Un musical: “Siete novias para siete hermanos”.###

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