fútbol

Si pasada la fiebre futbolística (porque no nos engañemos: el balompié es un poco aburrido a menos que juegue tu equipo o le den estopa al eterno rival), todavía te apetece seguir atiborrándote de goles y fuerasjuego, tienes la oportunidad de leer sobre este noble deporte de verdaderos hombres de raza y tronío que enardece a las masas. El mercado editorial te ofrece tres alternativas: primero están las enciclopedias y libros generalistas sobre el fútbol, sus reglas y su evolución; abundan en historias de los campeonatos mundiales, copiosamente ilustradas, generosas en anécdotas y datos para el recuerdo. Como todo libro de estas características, resulta apto para aficionados como para no aficionados (en el improbable caso de que estos existan). El segundo grupo engloba biografías (¡!), panegíricos y apologías de estrellas rutilantes del universo futbolero. Son libros que caducan con la temporada, de nula calidad literaria, ensayística o periodística, solo para iniciados. Mi preferido es “Raúl, el triunfo de los valores”, basado en la peripecia vital y deportiva de un jugador archiconocido del que se dice que “en los mejores momentos, a la hora de levantar los trofeos, disfrutaba como ninguno y cuando tuvo que bajar la cabeza porque el rival había sido mejor, lo hizo con una educación y un respeto que le honran”. Loas justificadísimas para un hombre que cuando ganaba no se mofaba del contrario. No. Y cuando perdía, ni se enfurruñaba ni nada. ¡Qué tío! Hay hagiografías de todo tipo (como la que ilustra esta entrada), incluso de jugadores que apenas han cumplido los veinte años, y que incluyen mucha morralla accesoria por motivos obvios. Y por último, está la literatura sobre fútbol. Hay escritores que han sabido plasmar sus espíritus de aficionados irredentos o, por el contrario, de pasmados observadores del fenómeno en cuestión. Entre los primeros está Roberto Fontanarrosa, alias “El Negro” (con perdón), un corrosivo autor argentino, colaborador habitual de Les Luthiers.  Leed si queréis el cuento 19 de diciembre de 1971, del que Maradona dijo que era “un cuento macanudo” (cita apócrifa). Y para redondear la jugada por la banda, os recomendamos los “Cuentos de Fútbol”, una selección (de cuentos) del pedante de Jorge Valdano.

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