los beatos


Corre el año 776 de nuestra era. Acantonados en monasterios perdidos entre montañas, a resguardo del moro y de sus devastadoras incursiones bélicas, unos privilegiados bendecidos con el don de la lectura atesoran en oscuras bibliotecas los últimos testimonios escritos de una civilización extinta. En esta época, escribir un libro era precisamente eso: seleccionar y curtir pieles de animales, para después trazar el texto letra a letra, con cuidado de no cometer un error fatal que obligase a desechar la costosa vitela. El pesimismo general fue el promotor de obras como “Los Comentarios al Apocalipsis de San Juan” de Beato de Liébana; “El Apocalipsis” es el último libro del Nuevo Testamento, donde se revela en tono profético lo que ha de ser cuando el mundo toque a su fin y se haga necesario hacer justicia tanto a virtuosos como a pecadores. Se sabe que Beato era un erudito que manejaba bibliografía y documentaba sus reflexiones, aunque con la mentalidad de un monje del siglo VIII, evidentemente. La obra adquirió una notable repercusión; teniendo en cuenta todas las limitaciones del momento, bien puede decirse que fue un superventas: el texto original se copió en los scriptoria de los cenobios durante siglos, alcanzando una gran popularidad en las postrimerías del año 1000, cuando se pensaba que al mundo le quedaban dos telediarios. Los nuevos manuscritos no eran simples clones del original; cada copista ponía un poco de sí mismo en la elaboración de la obra, incluyendo textos diversos que enriquecían el conjunto e ilustraciones alusivas, que tenían el cometido de hacer accesible el contenido a los que no sabían leer. Después de diez siglos, superada la barrera de otro milenio que (de momento) no nos ha traído el fin del los tiempos, queda una treintena larga de estos excepcionales ejemplares, parcial o totalmente conservados. Biblioluces ha recuperado de la red alguno de estos preciosos códices que pueden admirarse con pasmo, añadiendo la posibilidad de que te los lleves a casa en tu lápiz de memoria, si lo deseas. La historia particular de cada uno de ellos también resulta apasionante, porque al tratarse de objetos bellos y raros, han sido muy codiciados -por motivos bien diferentes, eso sí- desde el momento mismo de su alumbramiento, nunca mejor dicho. Pero de eso hablaremos en otra entrada.

un mar de letras

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Si la efervescencia del verano no te ha concedido tregua, y se te han escapado la media docenita de encuentros con la lectura que habías planificado, has perdido una buena ocasión para hacer una incursión en libros que, de ahora en adelante, te va a resultar difícil acometer, aunque solo sea por su considerable volumen. Uno de ellos puede ser “El Asedio”, una obra suficientemente publicitada aquí y allá; pero lo cierto es que contiene elementos suficientes para hacerse acreedora al título de novela de cabecera durante todo el tiempo necesario. Se trata de un relato de tintes históricos, escrito con precisión y trufado de un vocabulario desbordante, al servicio de una prosa ágil que se recrea en la descripción de tipos, situaciones, barcos y batallas. Exuberancia que, sin embargo, no resta un ápice de interés a la trama (nunca mejor dicho), que se desarrolla siguiendo varias líneas argumentales. Pero la mies es mucha y no se agota con Pérez-Reverte; quizá alguno de vosotros hayáis podido disfrutar de la historia que nos cuenta Calpurnia Tate, disponible en la biblioteca y a la que dedicaremos una próxima entrada, o de la aventura macabra de “Tres corazones, dos cabezas y un verdugo”… Desde aquí te invitamos a que celebres (o censures, si llega el caso) tus lecturas vacacionales, pues no hay mejor guía que la del compañero ni mayor virtud que la de compartir lo que nos gusta. Si eres de los que conjuran la rutina y aprovechan los viajes para dar rienda suelta a la creatividad, esperamos la prueba de tu talento. Aquí dejamos prueba de dos viajeros inquietos que viven intensamente la novedad de lo desconocido con la ayuda de lápices y acuarelas.

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aquí estamos porque hemos venido

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No es por quejarse. Pero las vacaciones han terminado y aquí estamos de nuevo, preparados para adecentar el local y acometer nuevas empresas, con ese punto de buen humor que nos asiste cuando hacemos lo que nos gusta y, además, nuestros pequeños proyectos cunden y fructifican. Esta mañana en la biblioteca se respiraba el pesado aire húmedo de los hogares abandonados; la suave costra de polvo quieto que abriga los libros empezó a desmenuzarse, y las corrientes de aire despertaron un torbellino denso que ya no encontrará acomodo definitivo hasta las próximas vacaciones. De eso nos ocuparemos personalmente, siempre que los hacedores supremos de los horarios lectivos nos sean propicios. Por lo demás, esperamos contar, como siempre, con vuestra colaboración y beneplácito, para lo cual, y desde ahora, nos ponemos a vuestra entera disposición. Ya sabéis… Esto va de libros…

cultura española

¿Qué tal van esas lecturas? No me diréis que con todo el tiempo disponible no podéis encontrar un momento para leer, o incluso para escribir. Todo vale durante el verano: novelas, folletines, libros de autoayuda, grandes ventas, ensayos, biografías no autorizadas, tratados medievales… bueno todo, lo que se dice todo, no… Si puedes evitar los libros de texto, evítalos, pero si el canto de las sirenas de septiembre te atrae hacia su arrecife de suspensos, no olvides que con la única ayuda de los libros escolares no serás capaz de saber lo que debiera saberse, aunque es muy posible que consigas saber mal lo que ya sabes o saber lo que no debiera saberse. Por eso te sugerimos que busques un sano complemento, alejado del conocimiento en escabeche, como son los viejos álbumes de cromos. Éste que ahora te presentamos es de la época de la II República Española. Sus excelentes textos vienen ilustrados por grabados-cromo a dos tintas que son una delicia. Ya me imagino yo a los niños de la época: “Te cambio los Reyes Católicos por la fragua de Vulcano”, “si me consigues a Belmonte te paso a Viriato y a Lope de Rueda”.

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