el nobel de literatura

¿No has leído nada de Mario Vargas Llosa? Puedes confesarlo, sin rubor. De hecho, muchas personas normales y corrientes, de esas que caminan haciendo oscilar un paraguas cerrado y miran hacia lo alto con desconfianza, tampoco lo han hecho. Y eso que se trata de un autor popular, frecuente en las estanterías y sobresaliente por la cantidad y calidad de obras de las que es artífice. La concesión del premio Nobel motivará la lectura apresurada de los más expuestos (periodistas, docentes, políticos, sabihondos de mesa camilla…) y las falsas declaraciones de inquebrantable adhesión literaria de los más necios/necias. Vargas Llosa no es autor para presumir de lecturas sino para ser leído, cosa que no ocurre, por ejemplo, con las últimas hornadas de premios Príncipe de Asturias. Su apabullante dominio de la lengua, su español criollo y sofisticado y su instinto para la narración de cualquier tipo justifican con creces la concesión de un premio como el Nobel de Literatura. Y, desde luego, una visita a la biblioteca para llevarse en préstamo uno de sus libros. ¿Cuál? ¡El que quieras! ¡Todos son buenos!

 

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doña agatha

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Abundan por ahí listas de esas que rezan: “las 100 películas que todo cinéfilo debe conocer”, “los 200 elepés que marcaron la década”, “los 50 pastiches de Barceló que hay que ver (justo) antes de morir”… Y aúnque estas iniciativas no cuentan con nuestras simpatías, hemos de confesar que las novelas policiacas de doña Agatha Christie forman parte de esas experiencias que, como lectores, no deberíamos dejar de escapar, ahora que todavía podemos presumir de que no lo hemos leído todo (en la biblioteca te puedes dar un buen atracón). Su estructura es casi siempre la misma: tras el crimen, los protagonistas se dan cita alrededor de un buen fuego que les mantiene calentitos, mientras la narradora aviva las ascuas de la sospecha que se cierne sobre ellos porque, por lo general, el que más y el que menos tiene motivos para cometer el asesinato. Con recursos narrativos facilones, que dirían algunos, pero enormemente efectivos, la autora nos lleva y nos trae a su antojo por el camino del recelo hasta que decide dar el golpe de gracia, a veces tan extravagante que nos hace creer en la demoledora inteligencia de sus peculiares detectives. Los escritores de la moderna novela negra no pueden negar la enorme deuda que tienen con esta amable señora de formación victoriana, con pinta de abuelona, pionera en tantas cosas que asombraría a la mismísima ministra (¿o acaso es un ministro?) de igualdad. Bueno… igual da.

rachel, los pájaros y la primavera

Hay algo nuevo en el aire. Es un vientecillo leve, pero con un poco de sensibilidad se percibe que andan por ahí revoloteando cambios, ideas y proyectos. ¡Ah, será la agroecología! La primera promoción de productores agroecológicos ha comenzado su andadura y nos contagia  a todos, que vamos buscando un poquito de sostenibilidad en cada gesto.  Pero, como hoy lo ecológico ya es comercial y políticamente correcto, nos llueve de los medios, de la política, de la publicidad, en forma de chaparrón de términos que nos empapa y nos deja confusos de pie en un charco, sin saber si hemos entendido el mensaje:

Biodiversidad, agricultura sostenible, neorural, paisaje agrario, producto ecológico, biodinámica, alimento natural…

Como comemos todos los días nos interesa saber que está pasando  y por que surgen estas etiquetas para las  labores tan antiguas de cultivar la tierra o criar animales. Porque, ¿qué es la agricultura ecológica? ¿Siempre ha sido lo mismo? ¿Desde cuándo existe más de una agricultura? ¿Hay una  tradicional y otra ecológica? ¿O la ecológica es, en verdad, la tradicional?

Por eso vamos a intentar descifrar esta lluvia de ecología en la agricultura. ¿Cómo? Naturalmente, leyendo.

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Hoy nos vamos a remontar a 1962, cuando Rachel Carson escribió Primavera silenciosa (Silent Spring). La publicación de esta obra está considerada como el comienzo del ecologismo. El libro denuncia  los efectos de lo biocidas sobre el medio ambiente y la salud. Esto desató, en plena época del DDT,  la ira de algunos agricultores, industriales y científicos. Rachel Carson fue tachada de alarmista e incluso demandada. Pero nada pudo impedir que su denuncia sobre el impacto del desarrollo en la naturaleza se extendiera y se convirtiera en el germen de un movimiento mundial de defensa del medio ambiente. Su título hace referencia a una primavera sin pájaros, como resultado de la intervención humana con productos tóxicos en  los ecosistemas agrarios y naturales.

bestiario

Si hacemos un completo examen de los recuerdos más remotos, no tardarán en aparecer aquellos seres reales o inventados que un día poblaron nuestra imaginación, y que aún hoy conservan la caprichosa apariencia que la fantasía y la inocencia quisieron darles. Del bestiario personal de cada uno podemos extraer las fobias, temores u obsesiones que nos hacen tan únicos como las huellas dactilares. Y son la excusa perfecta para enredar la creatividad con la escritura y la pintura, volviendo la vista a tantas y tantas imágenes que pueden encender la punta afilada de nuestros bolígrafos. Nosotros estamos haciendo un bestiario, rescatando criaturas fantásticas para que pueblen las amplias extensiones de terreno fértil que otros siguen abonando con su inagotable necesidad de historias, tal como han hecho ya Montse Rubio, de la que os ofrecemos una muestra de sus maravillosas ilustraciones, o bien el mismísimo Borges, que junto a Marganita Guerrero, en el “Libro de los seres imaginarios” (disponible en la biblioteca) hace una recopilación de seres extraños que han surgido de la imaginación humana. A modo de ejemplo, recogemos aquí la descripción del FASTITOCALÓN. ¿Te recuerda a alguien?

“Hablaré también en este cantar de la poderosa ballena. Es peligrosa para todos los navegantes. A este nadador de las corrientes del océano le dan el nombre Fastitocalón. Su forma es la de una piedra rugosa y está como cubierta de arena; los marinos que lo ven lo toman por una isla. Amarran sus navíos de alta proa a la falsa tierra y desembarcan sin temor de peligro alguno. Acampan, encienden fuego y duermen, rendidos. El traidor se sumerge entonces en el océano; busca su hondura y deja que el navío y los hombres se ahoguen en la sala de la muerte. También suele exhalar de su boca una dulce fragancia, que atrae a los otros peces del mar. Éstos penetran en sus fauces, que se cierran y los devoran. Así el demonio nos arrastra al infierno”.

el códice de fernando I y doña sancha

Fueron los reyes Fernando I y Dña. Sancha los que encargaron la confección de este libro, que fue copiado en letra visigótica a dos tintas, roja y marrón, y concluido allá por el año 1047. Contiene noventa y ocho miniaturas primorosamente dibujadas, inscritas en las tradicionales bandas paralelas de colores contrastados, tan características de los Beatos de esta época. El libro en sí es una obra de arte de valor incalculable. Fue concebido y pautado con muchísimo esmero: la escritura es firme y regular, con perfecta separación entre palabras. Las roturas y desgarros producidos durante la preparación del manuscrito fueron cosidos con puntos de sutura. El libro se inicia, como era tradicional en los textos de la época, con las ilustraciones preliminares y las “genealogías” de Cristo, desde Adán y Eva. Después continúa con un prólogo de Beato y los doce capítulos con el comentario propiamente dicho, concluyendo con un colofón, firmado por el autor de la copia, un monje llamado Facundus, quien posiblemente también se encargara de iluminar la obra. El códice perteneció al Marqués de Mondéjar hasta que el primer Borbón se lo requisó. Actualmente se encuentra entre los fondos de la Biblioteca Nacional de España.

En nuestro volumen, disponible también en la biblioteca para todo aquel que lo reclame, aparecen bien disimulados cinco anacronismos muy evidentes, añadidos a otras tantas iluminaciones de las que ilustran el texto: un casco, una botella, un balón… Si eres buen observador darás con ellas mientras te solazas en la contemplación de estas miniaturas, tan lejanas y, a la vez, tan cercanas a nuestras modernas historietas y novelas gráficas. Esmérate, porque hay premio para el primero que descubra las cinco inconveniencias…

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