coincidencias, prosemas y meopas

Normalmente los designios de una vida los determina la casualidad. No es extraño, pues, que en la literatura se expriman a menudo los recursos del azar y la fortuna para articular la historia. Siempre nos ha fascinado como todos y cada uno de nuestros actos presentes determinan para bien o para mal el devenir de los acontecimientos futuros. Cómo, por ejemplo, aquel taxista torpe nos salvó la vida al impedir que tomáramos el avión extraviado para siempre en el Triángulo de las Bermudas; o cómo el inesperado aguacero arruinó una cita en el parque con la chica más guapa de cuarto curso, que años después llegaría a ser vicepresidenta del gobierno. Muchos de los escritores sudamericanos del siglo pasado supieron combinar en dosis perfectas lo verosímil con lo mágico, recreando historias y ambientes reconocibles que, sin embargo, se presentan rodeados de un halo fantástico que primero nos desconcierta para después atraparnos sin remisión. Uno de ellos fue Julio Cortázar, del que dicen que bien pudo haber sido una creación de sí mismo. Si te lo encuentras por casualidad en las estanterías de la biblioteca, atrápalo. De no hacerlo así, es probable que dentro de algún tiempo…

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