por falta de palabras

Ni siquiera los especialistas se ponen de acuerdo sobre si las palabras sirven para transmitir el pensamiento o si, por el contrario, el pensamiento mismo es consecuencia de nuestra pericia lingüística. Pero tanto en uno como en otro caso, con las palabras tendemos un puente de entendimiento con nuestros semejantes. Y con nosotros mismos. Cuando nos quedamos sin palabras parecemos obtusos, nos volvemos espesos y nuestros los esfuerzos por darle forma a una idea se vuelven vanos.  Hay quien dice que es posible dominar un idioma conociendo mil palabras. Quizá para solicitar un impreso o preguntar por una calle sea así. Pero hasta ahí. Hace falta saber muchas palabras para crecer como personas, expresar un concepto original o crear nuestro universo personal. Pero las palabras todas, desde las más comunes a las menos habituales, no crecen en los árboles. Las “buenas” palabras están en los diccionarios; pero también en boca de quien las usa con propiedad, en los libros bien escritos, en los refranes populares, en los grafitos de las ruinas pompeyanas… Para no quedarse sin palabras es necesario refrescar en tales fuentes el conocimiento de nuestra propia lengua, ese tesoro que nos permitirá, por ejemplo, expresarle a la persona amada lo que sentimos por ella. Algo que no supieron o pudieron hacer los personajes de la siguiente historia que te presentamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s