vale más que las pesetas

A lo largo de la historia, emperadores, reyes y tiranos de más o menos monta han perseguido hacerse visibles, palpables en todo su poder terrenal, acuñando su figura en monedas de metales diversos. En la era de los billetes de banco, esos papeluchos que prometen pagar al portador lo que haga falta, el arte de la grabación se puso al servicio de los emisores. Con el tiempo, se hizo habitual asociar cada valor nominal con la imagen y los motivos alusivos a un personaje notable, de raigambre popular. Militares, estadistas, pintores, músicos, científicos, adelantados y, sobre todo, escritores, comenzaron a formar parte de esta curiosa galería numismática, haciendo cotidiana la presencia de tales próceres en la vida de los ciudadanos. Hasta la llegada del euro, con sus puentecitos y sus ventanitas insulsas, en España fue habitual toparse en el papel-moneda con una muestra de los valores patrios más reconocibles por el común de la población que, dicho sea de paso, veía un billete muy de cuando en cuando. El Cervantes que ahora mismo figura con su inconfundible gola de tul en las monedas de diez, veinte y cincuenta céntimos, tuvo un billete para él solito en el año mil novecientos veintiocho, durante la dictadura de Primo de Rivera. En el anverso, la efigie del escritor vuelto hacia el monumento erigido en su honor en la Plaza de España de Madrid. En el reverso un cuadro alusivo a uno de los episodios de El Quijote, pintado por uno de los hermanos Menéndez Pidal. Curiosamente ha sido el propio Quijote el motivo más recurrente tanto en emisiones regulares como conmemorativas. En el billete de cien pesetas, la efigie de El Quijote mira a su creador desde la marca de agua, donde nosotros hemos impreso nuestro gatito lector. También aparece un precioso grabado en la pesetica del año 1951, representando la figura idealizada del caballero de la triste figura con la bacía en la cabeza, obra del grabador López Sánchez-Toda, que sin duda inspiró al cineasta Orson Welles. La gran creación cervantiva de Sancho Panza, numismáticamente ignorada, suponemos, por su villana naturaleza, es sin embargo el la que se manifiesta con más holgura y conocimiento sobre las riquezas y el dinero, del que dice cosas como esta: Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero. Sin duda Sancho Panza, por mérito propio, constituye la alternativa perfecta para sustituir los aburridísimos puentes en los billetes de euro. ¿No creen?

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