la patria del hombre

Durante más de cien años, Francisco Ayala sometió su tiempo a un lúcido escrutinio del que dejó fe en una copiosa obra literaria y ensayística. A muy pocos se les ha concedido la gracia de sobrevivir a dos guerras mundiales, una guerra civil, dos dictaduras, una república y una transición. Poniendo a su servicio memoria, experiencia y coherencia, Ayala fue un aventajado pensador de la época que le tocó en suerte, una de las más convulsas y apasionantes de la historia de la humanidad. Como escritor, fue defensor a ultranza de la cultura escrita, de la palabra impresa. Su prosa se templó leyendo a Cervantes y a los grandes narradores de fines del XIX. Público su primer libro a los dieciocho años, y desde entonces no cesó de producir, sirviendo ora a la narrativa, ora al pensamiento y la reflexión sociológica y literaria. Algunos de sus relatos fueron ponderados por los más reputados creadores del siglo XX. El mismo Borges dijo de su cuento el hechizado que era uno de los mejores jamás escritos en lengua española. Don Francisco, que vivió muy de cerca los catastróficos efectos de los nacionalismos, hizo del idioma español su patria, del que decía era el gran patrimonio común que juntos debíamos defender y cultivar. Hoy, los ecos vigorosos y siempre vanguardistas de su pensamiento siguen escuchándose incluso entre las paredes de una pequeña y remota biblioteca escolar, donde algunos de sus volúmenes más conocidos esperan con paciencia ser objeto de atención por parte del lector. Nosotros te invitamos a conocer a este autor, fallecido hace poco más de un año, y a disfrutar de su mirada sosegada y profunda, a la que debemos reflexiones como ésta, perteneciente al discurso leído al serle entregado el premio Cervantes del año 1991:

Hoy, otros nuevos obstáculos nos amenazan. Aludo, claro está, al progreso pujante e irresistible de los medios de comunicación audiovisual, cuyos servicios han sustituido, tanto para la información como para la recreación de las grandes masas, al recurso de la palabra escrita. Por su causa, las gentes abandonan la práctica de la lectura, y pierden la costumbre de sentarse con un libro en la mano para ejercitar la mente y cultivar la imaginación interpretando su contenido. Y así, el centro de la autoridad idiomática se desplaza desde la letra impresa hacia posiciones desde donde se difunde una oralidad desaliñada, regida por criterios de urgencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s