los castigos

Antes de que los guardianes de nuestra memoria histórica se conmuevan, es necesario puntualizar que en la Edad Media, cuando los prelados de Sancho IV componen este libro de ejemplos, castigo tiene más de una acepción, la principal de las cuáles era la de “enseñanza o norma“, y en menor grado la de “amonestación o pena que recibe quien no ha seguido un consejo o una ley”. Salvada (confío) la buena fe del rey y la solvencia pedagógica del libro, le damos un repaso a esta copia manuscrita del siglo XV, ilustrada con preciosas miniaturas góticas, en la que se recogen los sermones dirigidos por Sancho el Bravo a su hijo Fernando. Y no hizo mal el buen rey, que murió cuando el heredero del trono contaba nueve añitos de edad. Las enseñanzas, que son muchas y bien mesuradas, son del estilo: “Mio fijo, guarda te de la codiçia (…) que la codiçia es rrayz de todos los males a todo omne del mundo quier estado que sea (…). La cobdiçia ensuzia el alma del onme, ensuzia la santidat, ensuzia la su bondat, ensuzia los sus fechos, ensuzia los sus pensamientos, ensuzia los sus dichos, ensuzia el su estado y ensuzia la su fama. La cobdiçia faze errar al omne”. Precioso legado del medievo que podéis leer aquí, pero que recomendamos disfrutar en la distancia, por aquello de la endemoniada ortografía de la época, yendo y viniendo por los contenidos gráficos de uno de los volúmenes que se custodian en la biblioteca nacional de España, y que biblioluces pone a tu disposición, para que te solaces, seas o no heredero de un reino.

 

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