marco polo y rusticello

En el siglo XIII el concepto de viajero era bien distinto al nuestro de hoy en día. En occidente, eran viajeros los peregrinos, que emprendían grandes marchas hacia los santos lugares de la cristiandad. Algunos regresaban para contar cuanto habían visto; otros se establecían en algún punto de la ruta o, sencillamente, fenecían en el intento. Los caminos no eran lugares seguros, y el desarraigo propiciaba la indefensión del caminante, que fecuentemente era presa de ladrones y asesinos. Las motivaciones de los mercaderes eran bien distintas: el comercio, la búsqueda de rutas y con ellas la de los bienes de consumo y las especias que demandaban los habitantes de los pujantes ciudades europeas. Sin comprender lo que significaba cambiar de latitud ni intuir siquiera cuán extenso era el mundo, estos audaces pioneros llegaron a los últimos confines de la tierra sorteando todo tipo de asechanzas: hambre, sed, fatiga, guerras, enfermedades, bandoleros…  El viaje de Marco Polo duró 24 años. Recorrió más de treinta y ocho mil kilómetros. Pero el personaje no ha pasado a la historia por ser ni el primero ni el último en consumar tales hazañas. Sin ir más lejos, tanto a su padre Niccolo como a su tío Mateo se les reconoce el mérito de haber alcanzado Pekín para regresar de nuevo a Europa. Lo que realmente confiere notoriedad a la odisea de Marco Polo es el relato de sus andanzas. Curiosamente sus memorias no fueron escritas por él: mientras estuvo recluido como prisionero de guerra, Polo describió a sus compañeros de infortunio los prodigios de los que fue testigo en el transcurso del viaje. Estos relatos, medio verdaderos, medio fantásticos, fueron transcritos por Rusticello de Pisa, un compañero de celda, quien más tarde daría a conocer el resultado de la recopilación bajo el título de “Libro de las maravillas del mundo“. Durante siglos, este texto alimentó la imaginación de los lectores y propició una época de grandes descubrimientos geográficos. En la biblioteca capitular y colombina de Sevilla se conserva un ejemplar de 1483 con notas del mismísimo Cristóbal Colón, que se inspiró en Polo para documentar su aventura hacia el oeste. El ejemplar que te presentamos aquí es el códice más bello de los 143 manuscritos conocidos. Incluye 265 miniaturas y se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia. Sin embargo, en nuestra biblioteca dispones de ediciones actuales con las fabulosas historias de Marco Polo; el imperecedero encanto del texto sigue siendo, hoy en día, una excelente diversión para aquellos que leen con ojos de viajero maravillado.

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