la historia de la imprenta

Abrir ME LLAMO JOHANNES GUTENBERG

No es una exageración afirmar que la imprenta revolucionó la historia de la producción y difusión del conocimiento, lo que es lo mismo que decir la historia de la humanidad. El invento en cuestión venía a satisfacer la clamorosa necesidad de surtir de libros a los curiosos, investigadores, profesores y eruditos del siglo XV, y la lenta y cara reproducción por copia directa encarecía los costes y no satisfacía la demanda. Gutenberg, cuyo verdadero nombre era Johannes Gensfleisch zur Laden (nada que ver con el tipejo ese que hoy está en boca de todo el mundo), empeñó hasta el sombrero para imprimir la biblia que os presentamos en la entrada anterior. Pero como quiera que el proyecto se retrasaba, Fust (que así se llamaba el socio capitalista que puso la pasta) se cansó de esperar resultados, y él y su yerno, el calígrafo Schöffer (el otro padre de la imprenta) se adueñaron de todo el tinglado. Disuelta la sociedad, Gutenberg quedó relegado, y a partir de ese momento malvivió de chafarle la exclusiva a los otros dos. Hoy se le reconoce como el promotor de una innovación más trascendente, si cabe, que el omnipresente microchip, porque sin la una difícilmente se hubiera llegado hasta el otro.

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