infidelidades

Los romances o poemillas populares que recitaban los juglares de pueblo en pueblo buscaban atraerse la atención del público, tendente a mostrarse más agradecido cuanto más le gustara aquello que le ponían en los oídos. Los ciegos, caminantes sin rumbo, difundían historias morbosas y violentas, adornadas con detalles y sucesos que excitaban la imaginación del respetable. A menudo exhibían cartelones con viñetas para ilustrar los momentos estelares. Al concluir, solían vender ejemplares del texto (los llamados pliegos de cordel), lo que permitía la relectura y favorecía la memorización y difusión oral, a veces no con todo el rigor necesario, lo que a la larga desencadenaba un aluvión de versiones diferentes.

La infidelidad entre esposos era uno de los temas preferidos. En una época en la que la mujer era poco más que un apéndice del hombre, resultaba sumamente provocador que fueran ellas las que llevaran la iniciativa, se mostraran rebeldes, casquivanas o conspiradoras. Y así, de esa forma, se aprovecharan de los previsibles deseos de los varones, que rendían su voluntad a los encantos de la dama. Los dos romances que os traemos a Biblioluces son buena muestra de cuanto hemos dicho. Ni el uno ni el otro nos revelan la suerte final de las protagonistas, aunque es probable que el autor omitiera dicha información a sabiendas de que los oyentes de ambos sexos se harían una atinada composición de lugar.

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