la divina comedia

libro “La Divina Commedia”

Una cosa lleva a la otra: dicen que uno de los encargos bibliográficos de los que Dalí siempre se sintió más satisfecho fue la serie con la que ilustró la Divina Comedia de Dante. Y es que este poema tiene ingredientes épicos, románticos y oníricos que han atraído a artistas plásticos de todos los tiempos, desde Boticelli a Gustavo Doré, pasando por el propio Dalí, Ingres, Rodín o nuestro admirado José Ramón Sánchez, sin olvidar a otros como Miguel Barceló, que sin alcanzar el rango de pintor, hace lo que puede, el hombre. La Divina Comedia (que Dante tituló simplemente Commedia) gozaba de gran popularidad durante los siglos XIV y XV; algunas fuentes afirman que en vida del autor ya circulaban más de seiscientas copias de la obra. Aun cuando Dante fue un tanto olvidado durante el Renacimiento, el considerado “maestro de poetas” fue rehabilitado por los artistas e intelectuales del siglo XIX, prestigio que llega hasta nuestros días. A Dante se le estudia como padre del idioma italiano y su producción lírica es objeto de reverente devoción por parte de los amantes de la literatura culta. Vamos, que tampoco es cuestión de liarse la manta a la cabeza y sumergirse así, sin más, en una de las múltiples y dispares traducciones de la Divina Comedia… El que esto suscribe confiesa que no ha leído otra cosa que fragmentos de esta obra magna, lo que no le ha impedido disfrutar de las maravillosas ilustraciones que suelen incluir algunas de las numerosísimas ediciones de este clásico. Por encima de todas, seleccionamos una en concreto, rescatada de los fondos de la Biblioteca Nacional de España: se trata de una copia del siglo XV, manuscrita e iluminada sobre pergamino. Y es que, como ya se sabe, la invención de la imprenta no eliminó de manera inmediata la confección e iluminación de manuscritos; desde mediados del XV los libros comenzaron a imprimirse, pero el resultado final aspiraba a parecerse a una copia hecha a mano. Los libros como objeto preciado y precioso, siguieron transcribiéndose artesanalmente durante un tiempo. Y el calificativo de “precioso” le va como anillo al dedo a esta joya, en la que se ilustran con profusión cada una de las tres cantigas que conforman el poema. Todo un deleite para la vista que apreciarán en mayor medida los iniciados en la apasionante vida de su autor.

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