libros con arte

“libro con mucho arte”

Para el común de los mortales, poseer una valiosa colección de arte es un poco difícil, pero no imposible (léase el caso de María del Carmen Rosario Soledad Freifrau von Thyssen-Bornemisza de Kászon et Impérfalva, de soltera María del Carmen Rosario Soledad Cervera y Fernández de la Guerra). En la mansión de Tita, el trayecto que media entre el living y sus baroniles aposentos está jalonado de tablas y lienzos que abarcan el noventa por ciento de la historia de la pintura, y eso porque todavía no le ha sido posible introducir un martillo neumático en la cuevas de Altamira. Sin embargo, no hace falta ser multimillonario para arrimar la nariz a bastantes de la obras maestras más emblemáticas del arte universal. En algunos casos, ni siquiera hay que pagar un ochavo para disfrutar de ese privilegio inmenso; el único inconveniente es que los grandes museos, los museos de verdad, esos que albergan cuadros en lugar de tediosos paneles ilustrados, el inconveniente, digo, es que suelen estar ubicados en las grandes ciudades, y la visita pasa por hacer coincidir este motivo secundario con otro principal de cualquier índole, como ir de compras o a la final de la championligui, lo que casi siempre implica la presencia de miríadas de japoneses embotellados a la entrada de cualquier espacio cerrado. Pero todavía resta una última opción: los libros de arte son una excelente alternativa para aprender inclinados sobre una mesa camilla, al calorcito del brasero, con la ventaja de que el lector puede manosear las estampas a su antojo mientras imagina futuros viajes a esta o aquella pinacoteca. Y si los intereses del aficionado aún le llevan más allá, puede pasar un rato muy agradable siguiendo la trama de Un Rembrandt en la basura, saltando de catedral en catedral con el autor de Las rosas de piedra o desmadejando las claves de un famoso latrocinio en El robo de la sonrisa, todo ello a un precio tan razonable que pocos pueden dudar de que se trata del regalo perfecto para estas fechas, cuando todo el mundo parece empeñado en obsequiar cosas inútiles o superfluas. Animus meminisse horret.

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