música y literatura: un ramito de violetas

Historias como ésta que interpreta Cecilia contienen todos los elementos de un buen relato breve. Hacen falta pocas frases, contadas expresiones, medidos adjetivos para ambientar un escenario de eclipses y penumbras. Quien no haya vivido la triste realidad del reciente pretérito imperfecto de nuestro país, no tiene todas las claves para interpretar este puñado de versos, aunque puede dejarse llevar por el instinto. Los tiempos han cambiado (no demasiado en lo esencial), y aquel o aquella que en su momento quiso entender que el marido era un romántico a tiempo parcial, ahora cuenta con la experiencia necesaria para interpretar esta relación de pareja como lo que es: la secuencia de una convivencia opresiva que alimenta el desamor y la frustración. A principio de los años setenta del siglo pasado no era fácil escribir ni componer canciones como Un ramito de violetas sorteando la afilada tijera (cuando no el cuchillo) de los censores (algo así como las modernas brigadillas de los políticamente correctos, pero más pueriles e ignorantes, si esto fuera posible). Las palabras están cuidadosamente escogidas, delicadamente engarzadas en la partitura; por más que se escuche, esta canción, como otras muchas de la misma cantautora, no agota su potencial para conmovernos, para llamar a esa lagrimita mal disimulada en la carúncula del ojo… O seré yo, que ya me estoy haciendo un poco mayor…

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