en el frente ruso

frente

El odio, por un trágico engaño, perpetúa los males de los que nace. Con esta contundente sentencia Bertrand Russell alude a los conflictos bélicos y al combustible que los alienta. La guerra se sostiene sobre odios diseñados para obtener la adhesión de la masa y elevar la moral de la tropa. Los soldados de la División Azul formaban parte del extraordinario contingente alemán que Adolf Hitler envió para sojuzgar la roja Rusia Soviética. La participación española en la segunda guerra mundial fue el fruto de una colaboración a medias entre dos autócratas que se hacían favores interesados, acuciados por el miedo y a desconfianza. Franco se las apañó para reclutar unos miles de “voluntarios” entre las ascuas todavía calientes de una España en llamas: fanáticos, fascistas, aventureros; pero también opositores políticos, analfabetos y represaliados a medio fusilar que habían tenido que elegir entre una bala cierta en casa y una incierta en algún lugar remoto muy al este de Europa. Todos ellos a la espera de que el odio nazi alimentara lo que se prometía una gloriosa batalla contra el comunismo.  En La pantasma de los relós qu´atrasen, novela en asturiano del amigo Rubén Sánchez, se analiza con bisturí forense el largo camino de ida y vuelta (en el caso de los más afortunados) de unos hombres atrapados entre odios apócrifos, consignas prusianas y ambiciones totalitarias, figurantes de opereta en un dramón wagneriano con trágico final. El protagonista desemboca en el cauce de una corriente que lo arrastra consigo sin pausa ni sosiego, pero a la que también debe una forzada asunción a la dignidad de héroe, curioso salvoconducto para alguien que lo único que anhela es vivir en paz en su propio terruño. El relato está impecablemente documentado para que el lector no pierda en la ficción el hilo conductor de la historia. Una bonita revisión de la terrible guerra mundial desde el punto de vista de un “voluntario” involuntario, con el recuerdo puesto en los miles de españoles inocentes que sufrieron la represión y el exilio tras la Guerra Civil.

Alcuérdome d´un sarxentu que se clavare la bayoneta en vientre, santiguándose mientres abarquinaba y esvocesaba. Desplomóse faciendo la señal de la cruz.  Tres fíos n´España perdíen un padre mientres la guerra siguía. D´ehí aprendí qu´un home, enantes d´aforcase o de pegase un tiru na sien, cola memoria llanza una mirada perdida y muria´l paixase de la niñez, al llugar onde creció, imaxinando que ye un neñu y que so ma vien abrazalu y garralu en cuellu p´achuchalu. ¡A la hora de poner el puntu final na novela de la vida d´un, volvemos a ser neños!

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