el Roto y la sátira social (primera parte)

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Imitar al El Roto no es fácil… pero es un juego divertido. Andrés Rábago es una referencia única en el panorama del periodismo gráfico español. Curtido en la última década de la dictadura, colaboró en varias publicaciones satíricas entre las que nos gusta destacar Hermano Lobo, un semanario muy especial que valía más de lo que costaba, y en el que nuestro autor firmaba como Ops o El Roto. Ops era mudo.

Su lenguaje críptico era una invitación a pasearse por el subconsciente colectivo, que latía bajo una gruesa costra de ceniza endurecida por el tiempo. El Roto nació cuando Rábago experimentó la necesidad de ser más crítico con la realidad social y política del país. En la red encontramos información y abundantes análisis de su obra. Muchos de ellos son comentarios o declaraciones del propio autor, en ocasiones bastante hermético en lo que respecta a sus influencias y trayectoria. Sin embargo, en el reparto de responsabilidades hemos de ser nosotros, lectores de toda condición, los que identifiquemos las razones del éxito y la profundidad de su estilo, inconfundible en la distancia y difícilmente catalogable dentro del periodismo gráfico actual. Aunque sabedores de su aversión a las entrevistas, nos propusimos romper una vez más la barrera que nos separa de nuestros autores favoritos, y le invitamos a que respondiera algunas cuestiones que se habían desprendido de la cornisa de nuestra curiosidad. La amabilidad y buena disposición de El Roto hicieron el resto…

BIBLIOLUCES.- ¿Qué nos ha quitado (o dado) la escuela como para que nos resulte tan difícil interpretar la sátira, leer entre líneas?
EL ROTO.- La sátira no requiere leer entre líneas, sino comprender los mecanismos de este tipo de lenguaje.

BBL.- ¿Ha sentido alguna vez que no debía publicar algo porque iba contracorriente? El lenguaje políticamente correcto, ¿no es una forma “más fina” de censura?
ER.- Intento moverme dentro del terreno de una opinión autónoma.

BBL.- Cuando compone una viñeta, ¿piensa a quién va dirigida? ¿Le consta que haya una nueva generación de seguidores de El Roto?
ER.- El Roto no quiere seguidores sino representar y compartir ideas.

BBL.- Los que dan sus primeros pasos creativos buscan modelos y referencias que encuentran en sus autores favoritos… ¿Dónde se aprende el oficio de El Roto?
ER.- A dibujar se puede aprender siguiendo las instrucciones de un profesor de dibujo, observando las obras de grandes maestros o dibujando hasta encontrar un lenguaje propio. Una combinación de los tres sería lo ideal.

La obra de Andrés Rábago en sus distintas facetas creadoras tiene conexiones con artistas que han contribuido a definir y “afilar” su lenguaje. En el espacio de su viñeta percibimos reminiscencias de pintores como Rousseaude Chirico o George Grosz. En el uso de la “bofetada” visual que determina la contundencia del mensaje identificamos la huella de Roland Topor (París,1938-1997) un polifacético dibujante francés que perteneció al Grupo Pánico fundado por Fernando Arrabal.

BBL.- ¿Habrá alguien que realmente se sienta aludido por una viñeta suya o todos sus lectores escurrimos el bulto?
EL ROTO.- La interpretación es libre… Esa es la grandeza de la lectura.

BBL.- A pesar de las múltiples advertencias, ilustradas en muchas de sus viñetas, ¿por qué cree que todos, incluidos los jóvenes, condescendemos tanto con el populismo y la demagogia?
ER.- Es posible que no conozcan su propio poder. El día que lo descubran comprenderán que son libres.

El Roto no se considera así mismo un humorista gráfico, y rechaza de plano cualquier vinculación periodística con aquellos dibujantes que pretenden hacer reír, a los que considera meras prolongaciones de sus respectivos consejos de redacción. También ha manifestado que el género de la historieta no le gusta ni le interesa especialmente. Es cierto que como periodista ya no cultiva la “tira” ni desarrolla narraciones medianamente extensas, aunque alguna dejó impresa en los semanarios satíricos de los setenta y los ochenta. Pero Andrés Rábago, pese a su matizado desinterés por el cómic, contribuyó a la introducción en España a creadores como Robert Crumb (Filadelfia, 1943), dibujante underground por excelencia, que hoy expone su obra en el Museo de Arte Moderno de París. (Continuará)

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