la balada del norte

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La injusticia es el motor de la historia. La miseria el combustible. Y explota en las bocaminas, donde unos hombres rudos abren la brecha que les lleva al infierno. Allí adentro, una esfera incandescente concentra un calor de millones de años: el sofocante aliento del abismo. Bajo tierra solo los muertos. Y los mineros. Mientras los primeros disuelven su alma, los otros le arrancan la suya al viejo suelo carbonífero, dejando impresa en el mineral la negra sombra de su destino. Los guajes se afanan por hacer méritos de hombre, pero cuando la galería queda en penumbra se buscan a tientas, temerosos, confundiendo el cielo oscuro con el macizo, eterna noche de piedra. En la superficie aguardan las mujeres. Crían a los hijos y administran los pocos cuartos que entran en casa. Ellas saben bien que por la caña suben y bajan pensamientos sombríos, penurias y miedo. No hay pasión humana que el pozo no devore. Este es el escenario pre-revolucionario que nos dibuja (y nunca mejor dicho) nuestro amigo Alfonso Zapico. La balada del norte es un novela gráfica con tintes literarios, muy bien desarrollada, donde se conjuga maestría y habilidad en el manejo del lápiz con un excelente guión, bien documentado. Los diálogos son ágiles, sin excesos ni melindres, de ritmo constante. El resultado es un cómic que se lee de un tirón, emocionante y conmovedor, en el que también hay momentos para el desahogo y la risa. Encontramos memorables fragmentos en los que el dibujo sostiene por sí solo todo el peso dramático de la narración, nudos en los que el relato describe una nueva trayectoria. El personalísimo trazo de Zapico recrea para el lector el oprimente espacio de una galería, donde será testigo de lances que le invitarán a tomar partido. Todos los personajes, principales y secundarios, están sutilmente caracterizados y sus reacciones contribuyen a componer un cuadro social perfectamente verosímil, que encuentra su contrapunto en el romance imposible entre Tristán e Isolina. Pero La Balada del norte es, ante todo, un pedacito de nuestra historia que se destaca con ribetes épicos, una aproximación sentimental de las circunstancias que precedieron a la huelga general revolucionaria asturiana del año 34. Esa implicación (que el autor no oculta ni disimula) produce sus frutos: el contenido trasciende la anécdota y el costumbrismo y, como ocurre con las obras literarias de mérito, decanta con sencillez los diferentes matices de las pasiones humanas. El levantamiento de las cuencas mineras es una excusa para denunciar la injusticia, auspiciada por la fuerza y el poder económico que dan cobertura a una perversa degradación moral. El relato no concluye ahí. Zapico prepara un segundo tomo no exento de riesgos: la recreación del levantamiento armado que, además, todos sabemos como terminó. Las expectativas están por todo lo alto. Y a buen seguro que Alfonso no nos va a defraudar.

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