las fronteras del ingenio

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Nos hemos dado un paseo por el mundo de la escritura, saltando de isla en isla sobre un detallado mapa acimutal, todo él tapizado de nombres y referencias y distribuido en un caos de continentes que se reparten los predios de la creación literaria. A falta de escala y a primera vista, no parece demasiado difícil transitar entre territorios, separados los más por canales y estrechos, istmos y lenguas de tierra fáciles de recorrer siempre que las fronteras se tornen permeables y el clima resulte benigno, suave, para que el voluntarioso lector no tenga que guardarse de borrascas escolares, huracanes comerciales o ardientes tormentas de arena, de esas que arañan el suelo fértil hasta dejar expuesta la roca madre de la estupidez humana. Porque la vida del espíritu inquieto no transcurre en uno solo de estos países de letra: viajamos sin parar, recalando en populosas ciudades bañadas por el Mar de los Bestsellers, perdidos en ínsulas desiertas en el aparentemente calmo Océano de la Ficción o sometidos a los rigores dialécticos de la Isla Karl Marx, a solo un paso —¡pero qué paso!— de la Península de los Tutoriales. Y si bien imaginamos en los márgenes de este mundo de papel una civilización humanista, amparada por la ciencia y el ingenio, sabemos que en las fronteras interiores, entre las tierras vecinas de BibliaToráCorán, los que nunca han sentido la necesidad de respirar la fresca brisa que viene del Mar de los Epílogos se arman del fanático rencor que después explota en los corazones, confundiéndose con el latido apocalíptico de la fe que llama a exaltar el odio con palabras que jamás se debieron escribir.

controversia

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A menudo, el “bilingüismo” ha venido utilizándose en la educación pública como un ensalmo mágico capaz por sí mismo de conjurar los males endémicos de la formación básica. Casi siempre estas iniciativas son fruto de maniobras políticas y promesas electorales que no tienen en cuenta los recursos necesarios ni los presupuestos que han de sostenerlos. Desgraciadamente, más inglés no es sinónimo de calidad en la enseñanza, aunque hay que reconocerle su considerable potencial para “seleccionar” a los alumnos. Por encima de la platea, en el gallinero, se escucha el rumor de los que promueven un aprendizaje activo y constructivo de la propia lengua, donde se conceda relevancia y mérito académico a las producciones del alumnado, las capacidades expresivas y las habilidades para elaborar pensamiento nuevo a partir de lo visto, oído o leído. La urgencia de un bilingüismo no sentido por la población la encontramos en Puerto Rico. El fuerte vínculo de la ciudadanía con el idioma de la antigua metrópoli es objeto de debate y hasta de controversiaY no solo en sentido figurado. La controversia hecha música es un divertido género portorriqueño en el que dos trovadores se retan a un duelo dialéctico. Como si se tratara de pugilato, ambos ponen a prueba su capacidad para dar y encajar, haciendo del verso improvisado y de su agudeza para mantener la porfía sus armas principales. Traemos aquí una que viene muy a cuento, donde se dicen sobre el español cosas tan bonitas como ésta: Es algo que llevo dentro, que cuando busco, lo encuentro, y descarga mi conciencia, va más allá de la ciencia, del dinero o del poderío… Es un caudaloso río de sentimientos y amores, de voces de mil colores… ¡Es ese el idioma MÍO!

¿Hay quien dé más?

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Los mapas han formado parte de nuestra vida desde la infancia. Todos identificamos la imagen de los coloreados mapas que cuelgan de los muros escolares, de los globos terráqueos que nos regala las tía Elvirita por nuestro cumpleaños, los desplegables que se compran en la gasolineras cuando te falla el sistema de navegación o los complicados esquemas de isobaras que representan el caprichoso proceder de las errantes masas de aire. Los mapas tienen la facultad de aparentar cualquier geografía, real o ficticia, y sus líneas irregulares cuentan con un poder evocador casi inmediato, una suerte de magnetismo que atrae los dedos con los que anticipamos la derrota de nuestra trayectoria, quien sabe si para perdernos en alguna remota jungla de Madagascar o desembarcar en la archiconocida isla de Trinidad a la busca del tesoro. Los mapas han sido habituales en relatos e historias de piratas y aventureros, prófugos y peregrinos que se preguntaban lo que había más allá del horizonte. Pero para los que gustan de los mapas por sí mismos, se entusiasmarán con interesantes incursiones en los históricos libros de geografía que pueden descubrir por la red, desde la preciosa Cosmografía de Ptolomeo hasta el atlas de Frederik de Wit, dos atractivas invitaciones para viajar en el espacio y, sobre todo, en el tiempo. Los que quieran saber un poco más pueden echar un vistazo al libro Historia de los mapas de G. R. Crone o pasar un buen rato con las anécdotas que relatan Ken Jennings en Un mapa en la cabeza o Simon Garfield en En el mapa, cuyo subtítulo nos avanza el carácter de la obra: De cómo el mundo adquirió su aspecto. 

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Viejos mapas, mapas viejos

divertida campaña

La Academia de la Publicidad ha querido obsequiar a la Real Academia Española con un divertido anuncio. El famoso y tres veces centenario lema aquel de “limpia, fija y da esplendor” cobra una dimensión distinta para llamar la atención sobre el uso correcto del lenguaje, ese preciado tesoro que acostumbramos a tratar como baratija. Y no es que lo digamos nosotros. No hay más que poner la tele o disfrutar de una amable tertulia de patio. Posiblemente así, de entrada, uno no se da cuenta, pero utilizar mal el propio idioma es como conducir un Ferrari pasado de revoluciones: llevar, te lleva, pero el ruido es insoportable y el motor termina gripando. Hablar, comunicar, supone prolongar el pensamiento más allá de los límites que nos impone nuestro cráneo, creando una sintonía con las personas que nos rodean. Las palabras pueden contener toda la carga emotiva, sarcástica o imperiosa que uno desee si es que se sabe trasladar los sentimientos e inquietudes al lenguaje cotidiano. Para eso debemos utilizar el lenguaje sin afectación, pero también sin complejos: el idioma pone a nuestra disposición muchos recursos; nosotros tenemos el deber de conocerlos y el derecho a servirnos de ellos. Algunos han censurado la campaña de la RAE porque la protagonista, dicen, es una joven analfabeta. Yo no diría tanto. A mí me da que esta caricatura en su primera versión (la de mujer que se expresa mal) tiene estudios, puede que hasta superiores. Lo que ocurre es que no ha visto Plácido, ha leído poco, ha escrito menos y nunca, pero nunca, ha sentido la necesidad de ordenar sus pensamientos antes de fundirlos con el aire. Sin embargo, los estudiantes del segundo vídeo no son una ficción: ejemplares únicos, los primeritos de su clase de secundaria, aleccionados por sus familias y coeducados por sus profesores, reciben un galardón europeo de postín que premia sus más que evidentes dotes lingüísticas y académicas. Sin duda el germen de la futura élite política y económica. Un orgullo para la tierra de Don Quijote.