jardines en el bolsillo

“Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”. Así reza un proverbio de origen árabe, y aunque podríamos suscribirlo con el ese mismo ánimo poético, le vamos a poner algunas pegas de esas que les escuchamos a veces a nuestros compañeros de la FP Agraria: Hay jardines muy coloristas pero pretenciosos. Otros se presentan salvajes, pero lo que están es descuidados. Los hay tan insulsos que lo mejor que se puede decir de ellos es que su césped parece artificial. También encontramos jardines en rincones recoletos que son como pequeños retratos de la naturaleza, pero otros están comidos por la maleza, son cenagosos, oscuros y tristes. Por analogía, hemos de acercarnos a los libros con idéntica precaución: no todo lo que se imprime es bueno, ni conveniente, ni entretenido. Para no rendirse a modas o corrientes, o no sucumbir ante las interesadas promociones publicitarias, es necesario que alguien nos guíe por la endiablada geografía de las letras, que es la del pensamiento, transitando por falsos paraísos de postal hacia los destinos que satisfarán la sed del viajero y su ansia de paisaje. Jardines en el bolsillo es un programa radiofónico de libros y literatura. Así. La diferencia con otros estriba en el enfoque: de ordinario la divulgación literaria se va por el cerro de los excesos y las pedanterías, ignora a los clásicos o se centra en la prosa o en las novísimas novedades de la industria editorial. Jardines habla de Literatura sin entrevistas, estridencias o parafernalias, haciendo de cada sección un agradable y entretenido encuentro a tres bandas: locutores, autor y oyentes. Radio Nacional de España tiene tradición en este tipo de programas y es, de largo, la que emite mejores contenidos culturales y musicales. Hubo tiempos mejores, también es verdad, pero los profesionales más reputados fueron expulsados o invitados a jubilarse para retornar a un modelo más dócil y empático con las directrices políticas de turno. Aún así, no se consiguió arrasar por completo con una escuela de radio que comenzó a fraguarse a comienzos de la Transición y cuyos herederos son los promotores de programas como el que traemos hoy a nuestra bitácora. Solo nos queda recomendarle a nuestros lectores que lo escuchen, que es gratis. Todas las entregas de este espacio semanal están a disposición en el archivo sonoro de Radio Nacional de España.

pájaros en la cabeza

Aquel que piense que para encontrar talento debe pagar el peaje del Huerna se equivoca de cabo a rabo. Para demostrarlo traemos a nuestra bitácora a María Díaz Perera (Gijón, 1980). Y no solo porque La Perera sea asturiana, sino porque su trabajo tiene trazas de convertirse en uno de los más reconocibles del panorama nacional. Encontramos que María tiene una cálida y personal manera de hacerse visible en este universo editorial donde cada vez abundan más los ejemplos de jóvenes artistas con un enfoque artístico genuino. El caso de María Díaz destila poesía y encanto, y un optimismo que se llena de flores y, sobre todo, de pájaros que vuelan por doquier. Su obra nos recuerda un tanto a esa otra gran María, la ilustradora María Pascual, con quien encontramos algunas conexiones estéticas como el halo de común dulzura con la que ambas envuelven sus personajes o el estilo, sencillo y claro, en el que los colores inundan la retina del observador, sea niño, joven o adulto. Por todo lo escrito le queremos dedicar nuestro marcapáginas de cabecera. Pero no contentos con ello, y como nos apetece saber un poco más de ella misma y de su trabajo como dibujante, le hemos preparado una pequeña entrevista que esperamos os guste. Atentos a las siguientes entregas…

la literatura como escupitajo

Mi abuela seleccionaba las lentejas con paciencia. Volcaba el paquete sobre la mesa de formica y las extendía y removía con la yema del dedo, separando pardinas por un lado y por el otro las piedras traicioneras, que luego arrojaba a las cenizas del hogar. Con el tiempo la tarea se volvió monótona. Las marcas de supermercado eliminaron las impurezas y con ellas, la razón de tan reconcentrada inspección. Sin embargo, la abuela no se resignó a la evidencia y se mantuvo alerta hasta el final de sus días, en parte porque los nietos nos apiadábamos de ella y disimuladamente agregábamos piedritas al montón. A veces las guijas pasaban desapercibidas y al morderlas castigaban con creces la vileza del engaño. Tengo la sensación de que el escrutinio de la abuela cobraría ahora todo su sentido junto a los repletos anaqueles de las librerías, donde la vaciedad se oculta entre las tapas de ciertos volúmenes, algunos absurdamente gruesos. Camuflados de literatura más o menos honesta, estos proyectos de autoría incierta están firmados y avalados por youtubers, influencers, unboxing man (and unboxing woman) y demás fauna virtual…  Me dicen que son obras con tirón, sobre todo entre el público juvenil. Los tales se han servido de internet para proyectarse y granjearse el interés de una parroquia incondicional, que admira la mismidad de los autores y su característico estilo desenfadado y superficial. Se trata de muchachos y muchachas a medio cocinar o faltos de un punto de sal que han hecho realidad esa máxima tan falaz como perversa: Para alcanzar cualquier meta basta con proponérselo. Entre ellos abundan los probadores de juegos, monologuistas, creadores de exabruptos, voceadores y hasta críticos literarios. La masa les aclama. Dan charlas. Sientan cátedra. Son populares. Y así crean redes consistentes de seguidores y suscriptores que se alimentan a sí mismas. Sus prodigios se adornan de exageración pueril (¡Con dieciocho años ya ha publicado diez libros!) que se amplifica en la red.  El mensaje es supersimple, vertical, muy al estilo del Frente de Juventudes: los pijos pasan por feministas, animalistas, ecologistas, pacifistas, extremistas, sindicalistas, nacionalistas o acordeonistas. La vida es para los que se arriesgan! Vuelve la youtuber más atrevida… Cuando las editoriales recogen el fruto maduro, poco importa que el producto sea una basura. A cambio de una migajas de protagonismo, los ídolos promocionan a otros y éstos a los siguientes. Cómo me gustó tu libro, tía. Me sentí superbien. Está superinteresante. Cualquier cosa encuadernada e impresa en papel ecológico libre de cloro pasa por cultura contemporánea. No hay belleza. No hay innovación. No hay historia. No hay documentación, No hay sentimiento. No hay conocimiento. No hay nada de nada. Humo. Puro humo. Y un mensaje que lo envuelve todo: “No pienses. Lee“.  La abuela conservó una dentadura espléndida hasta el final de sus días y con su celo le ahorró a la familia alguna que otra muela mellada. Las piedras no son malas, nos decía, porque entran por un extremo y salen por el otro. El daño se lo hacen a sí mismos los incautos que muerden confiados. Gracias abuela.

las fronteras del ingenio

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Nos hemos dado un paseo por el mundo de la escritura, saltando de isla en isla sobre un detallado mapa acimutal, todo él tapizado de nombres y referencias y distribuido en un caos de continentes que se reparten los predios de la creación literaria. A falta de escala y a primera vista, no parece demasiado difícil transitar entre territorios, separados los más por canales y estrechos, istmos y lenguas de tierra fáciles de recorrer siempre que las fronteras se tornen permeables y el clima resulte benigno, suave, para que el voluntarioso lector no tenga que guardarse de borrascas escolares, huracanes comerciales o ardientes tormentas de arena, de esas que arañan el suelo fértil hasta dejar expuesta la roca madre de la estupidez humana. Porque la vida del espíritu inquieto no transcurre en uno solo de estos países de letra: viajamos sin parar, recalando en populosas ciudades bañadas por el Mar de los Bestsellers, perdidos en ínsulas desiertas en el aparentemente calmo Océano de la Ficción o sometidos a los rigores dialécticos de la Isla Karl Marx, a solo un paso —¡pero qué paso!— de la Península de los Tutoriales. Y si bien imaginamos en los márgenes de este mundo de papel una civilización humanista, amparada por la ciencia y el ingenio, sabemos que en las fronteras interiores, entre las tierras vecinas de BibliaToráCorán, los que nunca han sentido la necesidad de respirar la fresca brisa que viene del Mar de los Epílogos se arman del fanático rencor que después explota en los corazones, confundiéndose con el latido apocalíptico de la fe que llama a exaltar el odio con palabras que jamás se debieron escribir.

controversia

español_ingles

A menudo, el “bilingüismo” ha venido utilizándose en la educación pública como un ensalmo mágico capaz por sí mismo de conjurar los males endémicos de la formación básica. Casi siempre estas iniciativas son fruto de maniobras políticas y promesas electorales que no tienen en cuenta los recursos necesarios ni los presupuestos que han de sostenerlos. Desgraciadamente, más inglés no es sinónimo de calidad en la enseñanza, aunque hay que reconocerle su considerable potencial para “seleccionar” a los alumnos. Por encima de la platea, en el gallinero, se escucha el rumor de los que promueven un aprendizaje activo y constructivo de la propia lengua, donde se conceda relevancia y mérito académico a las producciones del alumnado, las capacidades expresivas y las habilidades para elaborar pensamiento nuevo a partir de lo visto, oído o leído. La urgencia de un bilingüismo no sentido por la población la encontramos en Puerto Rico. El fuerte vínculo de la ciudadanía con el idioma de la antigua metrópoli es objeto de debate y hasta de controversiaY no solo en sentido figurado. La controversia hecha música es un divertido género portorriqueño en el que dos trovadores se retan a un duelo dialéctico. Como si se tratara de pugilato, ambos ponen a prueba su capacidad para dar y encajar, haciendo del verso improvisado y de su agudeza para mantener la porfía sus armas principales. Traemos aquí una que viene muy a cuento, donde se dicen sobre el español cosas tan bonitas como ésta: Es algo que llevo dentro, que cuando busco, lo encuentro, y descarga mi conciencia, va más allá de la ciencia, del dinero o del poderío… Es un caudaloso río de sentimientos y amores, de voces de mil colores… ¡Es ese el idioma MÍO!

¿Hay quien dé más?