el bestiario de Rochester

Dos asnos. El que está pintado de azul es un onagro, recia estirpe de équidos con fama de indómitos. Su porte es imponente y mira al frente con orgullo. El otro es un asno común. Con la cabeza gacha y la expresión triste es la viva imagen de la sumisión. Ambos llevan los arreos propios de la doma. Dos hombres. Son muchachos de mofletes sonrosados vestidos con túnicas largas, sin aberturas, que en el caso del que está de pié deja ver unas calzas bermejas. Por sus prendas se diría que pertenecen a un estrato social bajo. El primero de los chicos está subido a la grupa del animal en singular equilibrio. Sujeta un flagelo en lo alto dispuesto a descargarlo sobre el lomo de la bestia, mientras que con la mano izquierda le toma de las riendas. En su cara se dibuja la firmeza con la que sujeta a la bestia. Su compañero esta de pié y porta al hombro una verga gruesa, que agarra por un extremo con la mano derecha. El gesto del brazo izquierdo extendido incorpora a la escena la somera fórmula que parece sugerirle al compañero: “Si no obedece, que sienta en sus carnes quién es el que manda. Así lo hice yo”. Los onagros provenían de Asia y África. Considerados más fuertes y fogosos que sus primos, los jumentos domésticos, se tenía por cierto que su tenaz voluntad salvaje era difícil de doblegar. Recogiendo en parte los testimonios de fuentes clásicas, el Bestiario de Rochester ilustra en otra miniatura la brutalidad de los machos dominantes: se decía que castraban a mordiscos a los oponentes sometidos e incluso a los borricos recién paridos (f. 39v). Las cuatro figuras componen una escena enmarcada que contrasta sobre fondo dorado, en este caso deteriorado. Los colores de la viñeta son semitransparentes, aplicados dentro de los contornos negros que marcan los pliegues de la ropa y delimitan las formas de los personajes. Las luces y las sombras se obtienen aplicando doble capa de color o con toques de pigmento blanco que destacan los músculos de los animales, en un estilo característico de este anónimo maestro iluminador. De él se conocen otras obras, entre ellas dos delicadas biblias que aun se conservan. Este bestiario se custodia en la British Library, que lo exhibe virtualmente en la sección de manuscritos. Con el objetivo de conocer mejor las técnicas de los maestros medievales, estamos preparando un panel a escala que reproduce la escena comentada, con el afán de que su pública exposición libere al menos a una de estas magníficas imágenes de su obligada clausura, entre los folios centenarios de un códice de principios del siglo XIII, como por otra parte también han hecho los autores de este vídeo, que está inspirado en la imagen f. 45 de la ya citada obra.

El bestiario de Rochester en la British Library

Otro bestiario: Incipit liber de natura bestiarum (s. XIII)

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adaptado

Las buenas intenciones, y mucho menos las buenas intenciones pedagógicas, no siempre se justifican por sí mismas. Pongamos un ejemplo: es frecuente que nosotros, los docentes, que mostramos un respeto reverencial por los textos consagrados, induzcamos a las nuevas generaciones de lectores que tímidamente se asoman a los estantes repletos de libros a que se recreen en las llamadas adaptaciones, que de ordinario extraen por la herida abierta en el lomo de un clásico la anécdota de su argumento o el resumen más o menos atinado del contenido. Hablamos entonces de obras concebidas para niños, para jóvenes, para estudiantes, para escolares… De un análisis no excesivamente riguroso de la oferta se desprende una evidencia inquietante: estos textos alternativos no solo están a años luz de sus modelos en cuanto a calidad estética y literaria, lo que por otro lado resulta natural, sino que adolecen de una ramplonería que no guarda correspondencia con los incipientes intereses del implume lector. Algunos autores ya advierten el desaguisado: «La adaptación, sin duda, facilita el esfuerzo del joven lector, pero al mismo tiempo, puede acostumbrarlo a la pasividad. ¿Podrá, más adelante, encarar el esfuerzo de leer en su versión completa una obra que creyó -equivocadamente- que ya conocía? ¿No sería mejor esperar algunos meses o algunos años más y ofrecerle luego el texto íntegro?» (Marc Soriano en La literatura para niños y jóvenes). Y es que los valores que encierra una obra maestra de la literatura universal no pueden decantarse; forman parte de ella. Y a todos sus méritos, si los hubiere, hay que añadirle la demostrada capacidad para sobrevivir a modas y corrientes e inspirar a lectores de toda época y condición, lo que precisamente les convierte en modelos de referencia, inmarcesibles y siempre vigentes. De todas formas hay que reconocer que existen adaptaciones y adaptaciones: a decir de Vargas Llosa en el prólogo que le dedica, el escritor Andrés Trapiello se aplicó durante catorce años a retirar los tiznados y las manchas de polvo de El Quijote, y aunque no haya nada que reprochar a este esfuerzo de actualización, nos encontramos con un texto limpio y respetuoso que a juicio de algunos —entre los que nos encontramos— ha perdido las resonancias barrocas y ese punto grandilocuente del rico lenguaje cervantino. Si tu eres de los que se asustan ante El Quijote original, has de saber que la alternativa del siglo XXI ya está publicada, aunque después de analizar las diferentes versiones nosotros sigamos opinando que Cervantes, por mucho que digan, no necesita traductor.

Pasamonte, que no era nada bien sufrido, habiéndose dado cuenta ya de que don Quijote no estaba muy cuerdo, pues había acometido el disparate de querer darles libertad, y viéndose tratar de aquella manera, guiñó el ojo a los compañeros, y apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no daba abasto a cubrirse con la rodela; y el pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si estuviese hecho de bronce. Sancho se puso tras su asno y con él se defendía de la nube y pedrisco que llovía sobre ambos. No se pudo escudar tan bien don Quijote como para que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, y con tanta fuerza, que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído, cuando fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza y le dio con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con lo que la hizo pedazos.

Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate había acometido como el de querer darles libertad, viéndose tratar de aquella manera, hizo del ojo a los compañeros, y, apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no se daba manos a cubrirse con la rodela; y el pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si fuera hecho de bronce. Sancho se puso tras su asno y con él se defendía de la nube y pedrisco que sobre entrambos llovía. No se pudo escudar tan bien don Quijote, que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, con tanta fuerza, que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído, cuando fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza y diole con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo pedazos.

triz Bea Triz

Segunda y última parte de la entrevista que mantuvimos con nuestra amiga Bea Tormo, Triz, sobre su trabajo como autora e ilustradora, y que nos dejó algunas perlas y más de una recomendación que queremos compartir con todos nuestros lectores. Continuamos pues…

BIBLIOLUCES.- ¿Cuál es el secreto de una buena ilustración?
TRIZ.- Transmitir una idea, un mensaje. Comunicar algo.

BBL.- Inventar con la palabra o con el pincel: ¿Qué resulta más complicado?
TRIZ.- No sé decidirme, en ambas opciones tienes que sacar una idea de cero, crearla y darle forma. Yo hago ilustraciones donde prima sólo la imagen, pero también hago cómics en los que escribo y hay un guión, y no sé decir cuál de las dos me cuesta más. Todo trabajo creativo tiene su complicación.

BBL.- Tu eres una ilustradora independiente. ¿Cómo promocionas tu trabajo?
TRIZ.- Básicamente por las redes sociales. Promocionar tu trabajo se convierte en otro trabajo extra. Internet es una gran herramienta para ese fin, pero tienes que ser constante y saber qué espera o quiere la gente.

BBL.- Los ilustradores e ilustradoras con oficio imprimen en su obra algo que la hace fácilmente identificable, inconfundible… ¿Cuál es el tuyo propio?
TRIZ.- Supongo que el estilo, en mis dibujos se ve enseguida la autoría, no sé si es por los rasgos, el trazo… o el conjunto en sí. Intento que sea dinámico, ya que vengo del mundo del cómic, y eso se nota a la hora de dibujar, lo hace más expresivo, exagerado.

BBL.- Nos da en la nariz que con esto de las nuevas tecnologías hay demasiada producción y un poco de intrusismo… El ordenador, ¿ha hecho accesible la ilustración y el dibujo a todo el mundo?
TRIZ.- Esa es la parte buena de las nuevas tecnologías, que hacen tu trabajo accesible a todo el mundo, y llegas a una cantidad de personas que de otro modo sería impensable, por no decir que la cantidad de autores que descubres es apabullante. Por el otro lado, la ilustración es una profesión y ahora cualquiera se nombra ilustrador sin haber tenido realmente una experiencia laboral. No sé si también la pregunta se refiere también al dibujo digital, si es así, diré que muchos trabajamos el digital, pero que no es una herramienta mágica, el ordenador no tiene un botón de “hacer ilustración”, necesitas la misma base y preparación que si dibujases a mano, sólo que hace nuestro trabajo más rápido, pero no deja de ser una herramienta más.

BBL.-Sabemos que hay artistas que “venderían su alma” por ponerle el color un libro en particular. En tu caso, ¿cuál sería ese título y por qué?
TRIZ.- Cualquier libro de Roald Dahl, que es mi autor favorito. Aunque me daría pena porque sus libros están perfectamente con las ilustraciones de Quentin Blake.

BBL.- ¿Hay diferencias entre la ilustración (o la historieta) para niños, para jóvenes y para adultos?
TRIZ.- Evidentemente sí, cuando dibujas para adultos tienes más libertad, porque dibujar para niños siempre te limita a lo que unos adultos piensan que les va a gustar a los niños y qué es lo correcto para ellos.

BBL.- Recomiéndanos tres obras imprescindibles para nuestra biblioteca…
TRIZ.- Seguro que después de escribir esta selección se me ocurren otras obras mejores, pero os voy a dejar un álbum ilustrado, un libro juvenil ilustrado y un cómic. Para que haya un poco de todo.
Salvaje, de Emily Hughs.
Mi vecino de abajo, de Daniel Nesquens y Fran Collado.
Hark! a Vagrant, de Kate Beaton. (si dominan el inglés Nimona, de Noelle Stevenson).

Tomamos nota. ¡¡Muchas gracias, Bea!! 

hernández

El poeta falleció a los treinta y uno hace ahora setenta y cinco. Al bueno de Miguel le dedican un sello y han propuesto su nombre para bautizar un asteroide (los planetas buenos ya estaban cogidos). No vamos a contar nada que no esté recogido con profusión en la red. Apuntaremos únicamente que en su cortísima existencia vivió en carne propia las contradicciones y los dramas de nuestra historia reciente (la de España), y su obra es un canto al amor y a la belleza, la expresión de un sentimiento puro que expresa desgarradoramente el dolor de un alma libre y sencilla, prematuramente herida por el rayo. O por lo menos esto nos sugiere a nosotros, que para estas cosas somos muy sensibles… Aunque nos hiere aún más que lo confundan y lo retuerzan la pandilla de mastuerzos que pretenden vindicarlo y que nunca lo han leído. En fin. No vamos a recomendar que leáis una antología completa, pero quizá un poemilla o dos… escuchar una cancioncita, al menos… (los diminutivos son el único recurso del que disponemos para tratar de convencer al lector ilustrado). Esto que sigue es el único registro sonoro (creo) de Miguel Hernández, recitando la canción del esposo soldado, grabada en París, en plena Guerra Civil (No. Esa no. La del 36…).